St George's English Academy/ Blog

La increíble historia de los gabinetes secretos.

jueves, 27 de julio de 2017
 
Poses demasiado “eróticas”, mujeres desnudas, parejas apasionadas… Los museos exponían ciertas piezas en salas privadas por su sexualidad. El Museo Británico tuvo su gabinete secreto, también el Museo del Prado.
 
Hasta fechas bastante recientes, era normal que ciertas piezas de contenido erótico, o no tanto (el pecado está en los ojos del que mira), se reservaran  en alguna sala sólo accesible para personas de sólida formación, que solían ser las  que daban una propinilla al vigilante.
 
El Secretum del Museo británico
 
La reina Victoria de Inglaterra impuso en su largo reinado un estricto código de comportamiento social que excluía especialmente alusiones sexuales. Esto determinó que la estatua de la diosa Tara, enviada en 1830 por el gobernador de Ceilán se ocultara al público. ¿Qué había de peligroso en ella? Solamente cierta exageración de senos y caderas propias de la imaginería del periodo.
Pronto, muchos otros artefactos considerados indecentes se unieron a la infortunada diosa en una sala que a partir de 1865 se denominó Secretum.
 
Actualmente, Tara y buena parte de los objetos censurados han recuperado  su libertad y pueden admirarse en las distintas salas del museo.
 

Museo Británico

No obstante, persiste un armario, el número 55, donde se custodian lejos de miradas indiscretas algunos objetos cuya exhibición todavía se considera impropia.
 
Entre ellos se cuenta buena parte del legado del médico y banquero George Witt, que consiste en una colección de casi quinientos objetos fálicos que para el donante representan “los símbolos religiosos más tempranos de la humanidad”.
 
En las grandes bibliotecas nacionales existen también secciones que, por su tema pornográfico, tienen limitada la consulta.
 
En la Biblioteca Británica, la llamada Private Case, contiene libros y colecciones de estampas  cuya contemplación, según uno de los especialistas, sonrojaría a la prostituta más encallecida.
 

La Biblioteca Nacional española posee, igualmente, algunas obras de muy restringida consulta, entre ellas una copia del Papiro Koller, pariente del Papiro Erótico-Satírico de Turín, una especie de kamasutra desarrollado en el país del Nilo.